A Paco Ignacio Taibo II cabe decirle “Paquísimo” por sus ideas fascistoides

A aquellos de mis lectores interesados en saber qué clase de araña es en realidad Paco Ignacio Taibo II, ahora titular del FCE, (lo cual es un decir), yo les aconsejo que lean el estupendo libro “Linchamientos Digitales” de nuestra querida amiga Ana María Olabuenaga. En dicha obra la autora narra cómo fue que la sociedad destruyó, a través de las redes digitales, a Marcelino Perelló. Marcelino, nuestro querido Marce, fue un claro líder en el 68 y sobrevivió la mayor parte de su vida como maestro de la UNAM, conductor radiofónico y mil usos intelectual.

Marcelino era, dice Ana María, “el capaz de decir lo indecible”. Por lo mismo era muy querido y admirado. Para él no había medias tintas: lo amabas o lo odiabas. Y punto. Con tamaños antecedentes un mal día a Marcelino Perelló se le ocurrió decir una mala palabra al aire, durante su programa de un martes, a las 23hrs, en Radio Universidad. Fue algo que de seguro oyeron solo dos o tres personas, más una mujer pedera y escandalosa que, por lo mismo, puso el grito en el cielo y encabezó una cruzada, en redes sociales, para crucificar al buen Marce.

Es aquí donde el farsante de Paco Ignacio Taibo II aparece en esta triste historia porque el “Paquísimo” fungía entonces como director de Radio Universidad. Y, en lugar de actuar con conciencia, de alegar que “aquí no pasó nada, nadie lo oyó y vámonos a trabajar”; de actuar conforme a los principios que tanto le gusta cacarear, insistimos, Paquísimo Taibo corrió a Marcelino “para acallar a las buenas conciencias”. Chin. Chin porque el mismo Paco es un verdadero mal hablado de lo peor: de esos que no tienen ningún empacho en decir “se las metimos doblada” ante un auditorio de lo más fifí. Porque él, dice Paquísimo, es libre de decir lo que le venga en gana y le vale madres lo que la gente piense.

Pero, como tenía que comer y llevar el pan a su casa, no tuvo ningún remordimiento por correr a Marcelino Perelló. De ese tamaño, rastrero, es Paquísimo. Y a todo esto… ¿por qué Paquísimo?

Porque, cuando Francisco Franco fue el sanguinario dictador de España y le agradaba que le trataran con puros calificativos terminados en “ísimo”, (como excelentísimo, generalísimo, serenísimo y demás), a un intelectual de la oposición se le ocurrió bautizarlo como Paquísimo. Y el dictador no se enojaba: se súper encabronaba. Fue tan grande su coraje que la agarró contra todos los intelectuales contrarios al fascismo y muchas personas decentes tuvieron que emigrar. Entre ellos Don Paco Ignacio Taibo I, el papá del susodicho objeto de este artículo.

A Don Paco Ignacio I yo lo conocí: él sí era una persona decente cuando llegó aquí con su señora y con su hijo primogénito, que nació allá. Ese niño, ahora convertido en un viejo rencoroso y cascarrabias; que no tuvo el valor de defender al amigo de la jauría y prefirió correrlo para que él no perdiera el hueso. Ese es Paco Ignacio Taibo II, ahora dizque director del FCE que, por lo mismo, debería ser un adalid de la libertad de expresión y que ahora viene a decirles a Héctor Aguilar Camín, a Enrique Krauze y otros que critican a López Obrador por inepto que “se busquen otro país y de plano se vayan de aquí”.

O sea, Paquísmo, que ya no se vale criticar… ¿ya se te olvidó cómo fue que llegaste a México en los brazos de tu padre… no sientes vergüenza por lo que le hiciste a Marcelino Perelló? Yo creo que sí: que te sientes mal, que te da pena pero, como tienes que comer, te la aguantas.

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