A partir de ahora vamos a calificar a los eventos, en beneficio de nuestros lectores y sus marcas: ¡urge…!

Todos coinciden en señalar que el negocio, de la mercadotecnia en general, ha cambiado. Y las Relaciones Públicas no son la excepción. Más bien, me parece que es donde más grave está el problema de la ineptitud: son miles los jóvenes, medio preparados, que salen de las universidades y que, después de estar algún tiempo en el medio, sienten que en las RP hay un buen negocio para ellos y se lanzan a abrir su propia agencia, en algún lugar de su casa, desde donde cometen barbaridad y media.

Son barrabasadas que, en donde más se aprecian, son en los eventos que las marcas encargan a esos torpes: cocteles, desayunos, presentaciones y demás que, como están hechos al aventón, solo reditúan corajes, dolores de cabeza y una pésima imagen a sus patrocinadores.

Porque, por otro lado, tenemos también a un creciente número de “agencias digitales”, (así, entre comillas), a quienes se les hace también fácil meterse a organizar eventos sin tener NPI de ello. Ahí está el reciente y muy deplorable ejemplo que Trendsétera armó para Levi’s y Corona.

Ante tan frustrante situación, que lejos de componerse amenaza con volverse más grave cada día, El Publicista lanza su espada enfundada y a partir de hoy va a publicar su juicio severo de todos los eventos a los que se nos invite, (que son muchos), con el propósito de que el gremio sepa cuáles son los parámetros a considerar para que cualquier evento apruebe o repruebe con sus acciones al respecto.

Dichos elemento son: lugar, decoración, presentaciones, (habladas, en video u otros similares); comida, bebida, (servicio); invitaciones y asistencia y organización en general.

El punto de partida, por lo mismo muy importante, es el horario del evento y su puntualidad: porque ahora ya abundan quienes invitan a “un desayuno” a las 10 u 11 de la mañana. Lógico, lo hacen para ahorrarse la comida porque, a la hora de la hora, solo sirven tlacoyos.

Pero lo que no podemos perdonar bajo ningún motivo es la falta del boletín de prensa: eso es lo que determina cuando una agencia o agente de RP es profesional o improvisado. Porque ahora, los maletas, salen con que “después se los enviamos”. Los más conchudos admiten de plano no tener boletín. Ahí, en los boletines, a menudo mal redactados y plagados de faltas de ortografía, es en donde uno puede aquilatar, sin problemas, la calidad de la melcocha.

La mezcla de todos los elementos mencionados nos dará una calificación del 0 al 10, siendo la aceptable de 8 para arriba. Seis y siete será mediocre y cinco o menos reprobado.

Y agárrense porque ahí les vamos.

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