Alguien debería decirle a las autoridades, en este caso de la CDMX, que se prohíbe prohibir

Desde un principio nosotros apuntamos que el retraso en el Línea 7 del Metrobús se debía más a una maniobra política que a algún problema real: a alguien no le gustó que no le hayan dado la comisión para los parabuses en esa ruta. Hablamos de 900 anuncios, en números cerrados, en Reforma, donde no existe competencia visual de ningún tipo y, por lo mismo, el impacto de la publicidad es mayor.

Reforma asegura que el PATR del caso se otorgó, el 27/04/17 pasado a Medios de Publicidad (¿?), que al parecer es una filial de JCDecaux, la empresa francesa de publicidad exterior que llegó para quedarse.

Y ahora, cuando todo parece a punto de arreglarse con apego a la ley, (porque siempre se manejó así), aparece un monito de nombre Arturo Balandrano Campos, quien presume ser coordinador nacional de monumentos históricos del INAH enarbolando un oficio que dice que “se evitará que los elementos publicitarios incidan y/o afecten el paisaje histórico arquitectónico de las zonas patrimoniales protegidas”. ¡El Cantinflas de huaraches y unos cuates…! ¿Cómo dice que dijo… dice o se desdice?

No es posible que un funcionario de tan alto rango escriba ese galimatías, que más bien parece hecho para cubrir el expediente que para decir algo importante. Si se trata de hacer boruca consignen a alguien mejor que el pelmazo de Balandrano a quien, urge, urge, enviar a tomar algunas clases de redacción.

En vía de mientras, por cortesía de esta casa editorial enviamos a tan ignorante inepto un ejemplar del afamado libro “Cómo redactar cartas de amor”.

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