Balconean Sanjuana Martínez y “El Huevo” a “La Gaviota”, y a Peña Nieto. Pero, sobre todo, a Televisa

Érase que se eran dos hermanos publicistas que trabajaban en McCann Erickson México a fines del siglo pasado. Al parecer fue Manolo Ortiz quien les puso, a ambos, el apodo de “Los Huevos” no porque fueran gordos precisamente: simplemente eran redondos.

Ya encarrerada, la raza jugó mucho con tan creativo apodo y los subtituló el grande y el chico; el izquierdo y el derecho y de muchas otras maneras. Lo cierto es que el chico, que era el hermano menor, solo trabajó en publicidad muy poco tiempo. En cambio el grande, que era también el derecho, hizo una brillante carrera como director de arte y como VP creativo en el Grupo Coca-Cola, durante las épocas de Greg Birbil. Hasta que renunció, a la llegada de Luca Linder, por incompatibilidad de caracteres con su nuevo jefe.

Era tan creativo el Huevo que incluso cambió su nombre de Juan Carlos, (perdón, pero no recordamos su apellido) por uno más artístico: Mario Lafontaine. Nombre con el que fue contratado en Televisa, por Luis de Llano Macedo, como director de arte de infinidad de exitosos proyectos como Garibaldi, Timbiriche, Muñecos de Papel y muchos otros que tuvieron éxito porque fueron hechos con el olfato comercial y de mercadotecnia del Huevo.

Finalmente, años después nos venimos a enterar de que algo salió mal entre el Huevo y sus patrones porque, en 2016, la periodista Sanjuan Martínez, (no se rían así se llama) publicó el libro titulado “Soy la dueña” en el que afirma que Mario Lafontaine le platicó la vida de la Sra. Angélica Rivera de Peña Nieto mientras la susodicha trabajó en Televisa.

Y bueno, al parecer todos los chismes de radiopasillo son ciertos: desde que al candidato le hicieron casting entre Galilea Montijo, Lucerito y La Gaviota para que eligieran a su consorte, (a la primera, dice el libro, la eliminaron por caballona); hasta que el presidente le acomoda a su señora unas madrizas de miedo: recomendamos a los amantes del chisme leer tan edificante obra si es que les interesa conocer todos los detalles del caso.

Para nosotros, que somos mercadólogos, “Soy la dueña” es una interesante lección tanto de mercadotecnia política como de mercadotecnia en general. Porque, para empezar, nos queda claro que Televisa no sabe ni papa de mercadotecnia: si la supiera no estaría en la olla que está ahora porque le estaría dando al público lo que este exige. Los jerarcas televisos creyeron que podían meterse a elegir ellos a los gobernantes de este país… y se equivocaron de cabo a rabo. Tanto que ahora la desgracia de una ha arrastrado a la otra. Y viceversa. Ya nadie quiere al PRI porque lo apoya Televisa.

Después de leer la obra en cuestión no nos queda ninguna duda de que, el error más grande, fue elegir a Angélica Rivera para desempeñar el papel de esposa de EPN: la señora no terminó ni la secundaria, es frívola, superficial y carente de visión. Y punto. Sólo que, en un país de casi 60 millones de pobres, está muy mal visto que La Gaviota gaste millones en vestidos, joyas y viajes.

Tan solo su maquillista cobra 200 mil pesos mensuales por su chamba. Y la acompaña a la Sra. Rivera a todas partes, con gastos pagados. Y la hija del presidente, una de ellas, se gastó más 100 mil pesos en un vestido para su graduación. Más todo lo malo que se dijo de ella por la Casa Blanca, incluido el video donde Angélica terminó de regarla. Porque, además, tan estrepitoso fracaso, que va a costarle al PRI la presidencia en el 2018 y quién  sabe qué tanto más, han servido para desnudar también, en el buen sentido de la palabra, a las estrellitas de Televisa, ellas y ellos: su nivel intelectual está en la calle.

 

 

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