Cero y van quince: “organiza” Ángel Bosch los premios Aspid… ¡hasta con faltas de ortografía en los diplomas!

Desde que, en 2004, Ángel Bosch nos invitó a la primera edición de los Premios Aspid para la publicidad farmacéutica, nos dimos cuenta de que el señor de publicidad no sabía nada. Y de organizar premios, menos. Porque, desde entonces, todo le sale mal: la gente sale cuando debe entrar, no hay un orden establecido y, en general, todo es un desmadre.

Nosotros creíamos que, al paso del tiempo, las cosas se iban a corregir con la práctica, pero no. Más bien van de mal en peor por la simple y sencilla razón de que el Sr. Bosch no quiere pagar nada: no hay maestro de ceremonias, no hay producción, no hay nada.

Ángel, como no sabe, cree que todo es para el dueño del certamen y se queda olímpicamente con la lana de las inscripciones y de los boletos a la cena. Por cierto, los Premios Aspid México son los más caros del mundo: inscribir ahí cada pieza cuesta 2 mil euros. Más de 40 mil pesos por inscripción. Y la entrada a la “cena” costó ahora 2,146 morelos por piocha. En comparación con el Círculo de Oro cobra 2 mil pesos por inscripción y nada por la entrada… ¡y es mil veces superior en organización y credibilidad!

Ojo, ya llegamos al meollo del asunto: dijimos credibilidad. Porque en su afán de ganar dinero por todos lados, Ángel  Bosch ha caído ya en la desagradable práctica del que paga gana y dicha transa se nota cada vez más y más.

Por ejemplo, en la pasada edición de los Aspid 2019, que se llevó a cabo el miércoles 04/09/19, la agencia que más trofeos a primer lugar ganó se llevó 24 premios en otras tantas categorías por las que, obvio, debería de haber obtenido el Gran Aspid, (si es que existe un reconocimiento así).

¿Y qué pasó? Nada porque Ángel y su gente hicieron perdidizos a dicha agencia 19 de esos trofeos ganados y le dieron el reconocimiento como La Agencia del Año a otra, de quien se sospecha pagó una lanota por ello.

Obvio, la directora de la agencia que deberás ganó, que es una guerrera en toda la extensión de la palabra, se levantó en medio de la ceremonia a reclamar con lo que todos los asistentes se dieron cuenta del escándalo: porque es una soberana majadería eso de llamar a los anunciantes a recoger un premio para salirles, a la hora de la hora, con que “fíjense que siempre no”.

Se necesita no tener madre. Porque… ¿con qué creen que salió Ángel? Con que todo fue una equivocación, con que hubo un error, con que los trofeos se extraviaron, con que chance y hasta se los robaron.

¿Y qué onda con el nombramiento de La Agencia del Año? Lo sentimos mucho, pero el que pagó ganó y ya te fregaste inconforme. ¿Y la credibilidad del concurso? Cada vez más mal: si en el 2004 asistieron a la cena de premiación más de 400 personas, en el 2019 no llegaron ni a cien. Con la pena, pero ya nadie le cree a Bosch. Él solo mató a la gallina de los huevos de oro por avaro y avorazado.

¿No me creen…? Baste un último ejemplo de ello: el pasado 04/09 en el Museo Somuaya, para ahorrarse el maestro de ceremonias, Ángel puso como tal a su hijo, del mismo nombre: a un muchacho de escasos 20 años al que todo le salió mal, se equivocó mil veces, se veía mas nervioso que nada y poco faltó para que llorara.

Porque Ángel papá no fue ni para comprarle al muchacho un trajecito en Milano o para arreglarle el de su primera comunión: lo lanzó al ruedo en jeans y chamarra. (Otra grave falta de educación con clientes que fueron hasta de smoking). Para rematar, pueden ustedes checar en la página de Aspid México que todo lo que digo es verdad: van a saberla porque ahí no hay nada de nada de estos últimos premios. No se han actualizado porque Ángel se gastó la lana en él.

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