Con su muerte Gerardo Reyes ha logrado escapar de la acción de la justicia penal…

Más no del juicio de la historia y de la sociedad y, mucho menos, del escándalo. Porque queda claro que se fue un delincuente.

Finalmente Gerardo Reyes Guizar no pudo eludir su cita con la muerte y falleció, el pasado 09/05/17, víctima del cáncer, a las 5 de la madrugada.

Si criminal es aquel que comete cualquier delito con premeditación, alevosía y ventajas, entonces Gerardo Reyes lo fue con todas las agravantes. Porque no sólo se robó los siete millones producto de la venta de la casa de la ANP sino, también, casi un siglo de la historia de la asociación más renombrada de la publicidad mexicana. Y para ello se necesita no tener vergüenza.

Yo lo conocí, hace ya bastantes años, como coordinador del sector estudiantil de la Asociación Nacional de la Publicidad, en donde nunca hizo nada por cierto. Sin embargo, se dio cuenta de que ahí, en la ANP, podría haber posibilidades para su enriquecimiento personal y se quedó, como miembro vitalicio de la ANP, donde su principal virtud fue que “siempre estuvo allí”.

Cosa que le sirvió mucho ya que nunca trabajó para una gran empresa, desde un principio, con la ayuda de su familia, abrió su propia agencia de promociones en donde medio aprendió el oficio echando a perder no pocas cosas.

Pero nunca abandonó la ANP a la que un mal día llegó a la presidencia: para un hombre gris como Gerardo el aplauso y el honor de ser “el presidente de la ANP” como el mismo se presentaba, fue una gloria a la que estaba dispuesto a no renunciar nunca. Más cuando convenció al consejo de la ANP de la conveniencia de vender la casa de Uxmal, en la colonia Narvarte, aduciendo que, con ese dinero, se podría comprar dos inmuebles uno como sede y rentar el otro para obtener los recursos que tanto urgen en cualquier asociación, (el camino al infierno está colmado de buenas intenciones).

Así, el Sr. Reyes obtuvo 7 millones de pesos que nunca supo explicar en qué gastó: él apostaba a que, mientras fuera presidente de la ANP nadie iba a reclamarle nada y se rodeó de una bola de lambiscones que sólo lo apoyaron por la circunstancia y desmadre que ello les significaba. Sólo que Gerardo no contaba con El Publicista, quien fue el único medio del gremio que lo siguió y lo persiguió exigiéndole las cuentas claras que debía presentar.

Sobre todo porque, poco después de dicha venta de la casa de la ANP, una de sus muchas parejas de Reyes Guizar empezó a darse la gran vida y a presumirlo en las redes sociales… ¿pues ladronde?

En ese sentido nadie más que dicha señora fue quien balconeó al delincuente y llevó a todo el gremio a sospechar del fraude que, de hecho, se confirmó porque Gerardo nunca lo aclaró: se limitó a darle largas y más largas al asunto apostando por el cansancio de todos los publicistas de México quienes estuvieron a punto de demandarlo por la vía penal y de refundirlo en el bote como a cualquier maleante. Sólo que la muerte se le adelantó. Se fue sin pagar, sin hacer cuentas, sin decir la verdad.

Pero, como dice la Biblia, en esta vida todo se paga y al final de su vida, enfermo o agonizante, Gerardo Reyes tuvo que tragarse el abandono de la mujer con la que se botó todo el dinero mal habido, que se robó de la ANP y que, tan sólo al día siguiente de que se acabó la lana, la señora dejó al galán. Así es la vida y así es la muerte. Qué pena.

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Una opinión en: “Con su muerte Gerardo Reyes ha logrado escapar de la acción de la justicia penal…”

  1. Karla Gómez dice:

    Es lamentable que hayan personas que hablen mal de una persona recientemente fallecida y burlarse de una enfermedad como el cáncer, esto habla de la poca calidad moral y humana de la persona que escribió esta farsa, donde hace más que evidente la gran envidia que sentía o aún siente por el gran señor y gran persona que era Gerardo Reyes, que quien lo conoció realmente sabe que jamás habría hecho todo de lo que falsamente se le acusa en esta publicación. Pero bueno, el karma existe y a está persona le llegará su momento.

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