Dos pandemias azotan a México: el coronavirus y el pendejavirus. Ambas van juntas

La primera de ellas nació en China y ya llegó a México. Sus síntomas son los de una gripa, solo que hay que cuidarse.

En el caso de la segunda, el pendejavirus, éste nació en nuestro país, al más alto nivel del gobierno. Hasta mero arriba. Y de ahí se ha ido extendiendo a todos los niveles burocráticos, siendo el más afectado el propio gabinete. Su síntoma más notable es la propensión del enfermo por decir pendejadas. Una tras otra y de manera irrefrenable.

Uno de los más notables casos lo acabamos de ver en la persona del secretario de turismo, Miguel Torruco Marqués, quien al informar a la nación que se suspendía el Tianguis Turístico de Mérida 2020 por culpa del coronavirus, dijo barbaridad y media, menos lo que tenía que decir. Nadie le entendió nada. Dijo puras pendejadas.

Conforme a los estudios de tan singular fenómeno, ese es el principal síntoma del pendejavirus: cuando se le pide a cualquier funcionario público su opinión acerca de tal o cual circunstancia del coronavirus, del presidente para abajo, éste se suelta diciendo tantas pendejadas que no sabemos si soltarnos a reír, ponernos a llorar o echarnos a correr.

¿No, el otro día, López Obrador dijo que el coronavirus era culpa del neoliberalismo? Lo malo de AMLO es que cree que, con echarle la culpa a alguien más se acaba el asunto y no se preocupa por solucionar el problema: ya va para dos años en el poder y no ha hecho nada. ¿Por qué…? Porque él tiene otros datos… ¡otra pendejada!

Hace muchos años vivió en Monterrey, N.L. un prohombre y libre pensador mexicano: de esos que nos dieron patria. Se llamaba Hermenegildo Torres y él solito creo el PUP (Partido Único de Pendejos), que hasta un museo tiene en la capital regiomontana. Su más notable logro fue la creación de El Diccionario de las Pendejadas, en el que se clasifica a cada espécimen por sus características. P.ej. al Pendejo Incrédulo todo mundo se lo dice, pero él no lo quiere creer; (él “tiene otros datos”).

Así, decía Hermenegildo que el Pendejo Madrugador se levanta todos los días más temprano para empezar a hacer pendejadas desde primera hora. ¿En dónde he visto yo algo así… dónde, dónde… tengo la impresión de que lo veo y lo escucho a diario pero no logro recordar dónde?

El pendejavirus ha cundido tanto que nadie se salva: ni siquiera las damas del gobierno, que no dan una porque todo se les va en repetir como pericos lo que escuchan arriba. ¿Qué podemos hacer nosotros, los mexicanos de a pie y de salario mínimo? Pues reírnos: seguir haciendo chistes así de ya saben ustedes quien. Y, entonces sí, va a suceder lo obvio: el pueblo se va a desapendejar.

Como prueba irrefutable de dicha pandemia de pendejavirus he aquí algunos de los síntomas, que todo México pudo apreciar de unas dos semanas para acá, en el antes mencionado Club de los Madrugadores “Señor Presidente:

  • A pesar del riesgo del contagio ¿seguirán las mañaneras? Me canso ganso.
  • Todo indica que el coronavirus se originó en China. Lo trajeron nuestros adversarios: los neoliberales y los conservadores y fifís.
  • Todos los gobiernos están alarmados, pero el suyo parece estar tranquilo. Nosotros somos distintos.
  • Algunos piensan que hay irresponsabilidad de su parte. Eso calienta.
  • ¿Qué le responde usted a quienes dicen eso? Fuchi-caca.
  • ¿Se tomará alguna medida eficiente contra la pandemia? Lo que diga mi dedito.
  • Usted sigue besando a los niños y abrazando a sus partidarios. No hay peligro, me cuida el pueblo bueno y sabio.
  • El contagio cunde. México está requetebién.
  • La epidemia es muy peligrosa. Yo tengo otros datos.

Nota de la redacción: lo publicado en cursivas son solo algunos síntomas, pocos, del pendejavirus. Este gobierno está peor que el de Luis Echeverría Álvarez, considerado el peor presidente emanado del PRI.           

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