El medio exterior debe ahora, por fuerza, fijar su posición como líder en recordación comercial

Los tres anteriores capítulos de este artículo, que estuvimos enviando en entregas parciales, han levantado los ánimos y hemos recibido multitud de llamadas para darnos la razón, (algunos) y para debatir con nosotros aquellos que no están de acuerdo con nuestros puntos de vista, (porque, de que los hay, los hay). Sin embargo, hay algo en lo que todos coinciden: ¿qué sigue?

Que la publicidad exterior reclame el papel preponderante que ahora juega en el proceso comercial de cualquier producto o servicio: que alce la mano y se haga notar, que es ahora lo justo.

Pero aclaro: si la publicidad en la vía pública tiene ahora tan privilegiada posición, ello es pese a sus industriales y no gracias a ellos. Sin que muchos se dieran cuenta, el gigantismo urbano, que de un siglo para acá se ha venido dando en todo el mundo, obligó al público consumidor a pasar cada vez más y más tiempo en la calle. Y los medios en casa, en lugar de superar a sus contenidos, cayeron en el grave error de la programación chatarra, a base de puras porquerías o refritos. La gente ya no llega a su casa a ver la TV: prefiere distraerse en la computadora o en el celular. Ahora, la publicidad masiva solo se ve en la calle: el exterior es el único medio masivo que sobrevive en el siglo XXI.

Se trata de un fenómeno social espectacular del que, insistimos, ni siquiera los industriales del exterior se ha dado cuenta: algo que la pandemia ha venido amolarnos tan de súbito que a todos nos agarró de sorpresa.

El paisaje urbano de la CDMX, en sus azoteas, luce desolado por tanto lugar vacio y por cientos, miles, de estructuras que sus dueños han dejado sin mantenimiento. Y ello habla muy mal del medio: porque a nadie le gusta vivir entre las ruinas.

Todos los más grandes y científicos despachos de investigación social de México, esos que de antropología se las saben de todas, todos señalaron durante los últimos nueve meses, en base a estadísticas irrefutables, que el fenómeno de la movilidad masiva, en las calles de la CDMX, fue y sigue siendo muy distinto a lo que las autoridades y la agencias de medios quisieron vendernos: el 48% del público nunca se quedó en casa. Y más del 60% salió a hacer su vida normal desde julio de 2020.

Pero los industriales –y con ellos los publicistas- se pasmaron y en muchos casos, por no decir todos, no supieron qué hacer. La oportunidad para posicionar al medio exterior como al gigante que ya se desperdició… ¿vamos a seguir así… cuándo acabarán estas misas Martín Garatuza?

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