En lugar de estarse dando baños de pureza, la senadora Alejandra Lagunes Soto Ruiz debería ponerse a hacer sus declaraciones patrimoniales…

Pero con honradez, porque solo su casa de Vail cuesta… ¡más de 30 millones de dólares¡Quién la viera!

Durante todo el segundo semestre de 2018, cada miércoles, el diario capitalino gratuito Publimetro estuvo publicando una doble página con los comentarios que, acerca de las grandes transas de la política nacional, escribían las senadoras recién electas.

Se trata de la loba con piel de oveja porque, conforme a lo que de ella dicen todos los políticos, medios y fuerzas vivas de esta nación, Alejandra Lagunes Soto Ruiz fue la funcionaria más corrupta del sexenio de Enrique Peña Nieto. Y existen suficientes pruebas para demostrarlo.

Si los mexicanos nos súper indignamos ante la leyenda urbana de que Irma Serrano y bajo el Vo.Bo. de Gustavo Díaz Ordaz se quedó con la recámara original del Emperador Maximiliano  que se exhibía en el Castillo de Chapultepec o de que Angélica Rivera se compró una residencia como La Casa Blanca, todas esas fechorías se quedan chicas entre lo que Alejandra Lagunes se robó siempre bajo la indiferencia de Enrique Peña Nieto.

La que posteriormente fuera directora del área de Integración Digital de la Presidencia de la República nació en el entonces DF, en el seno de una familia de clase media al principio de la década de los sesentas del siglo pasado. Gracias a los ya para entonces escasos recursos de la familia, la entonces Alejandrita pudo estudiar la licenciatura en comunicación en la Universidad Iberoamericana, de donde salió para, gracias a que supo mover sus influencias, escalar diversas posiciones hasta llegar al área digital de Televisa, de donde Alejandro Quintero la envió, primero al Partido Verde y después a la Presidencia de la República.

Lo que se buscaba es que la Sra. Lagunes aplicara sus conocimientos y experiencia para optimizar la imagen del presidente en las redes sociales. Sólo que ella fracasó de manera estrepitosa. Tan fracasó que, ya en el 2014, durante una entrevista que Televisa le hizo a Doña Alejandra, ella no tuvo ningún empacho en declarar que, si sus campañas en redes sociales no funcionaban, ello se debía a «la pobre calidad del producto que me mandan promover».

Y lo dijo hasta molesta sin recordar, porque sus neuronas no se lo permiten, el que su «producto» era nada menos y nada más que su jefe, el Presidente de la República. En la época de gloria del PRI, cuando algún funcionario ejecutivo se atrevía a criticar así al presidente, lo más seguro era que al día siguiente le pidieran su renuncia… en comparación, solo un día después nombraron al marido de Alejandra Lagunes, a Rafael Pacciano, Secretario de SEMARNAT y a su hermano de ella, a Víctor Lagunes Soto Ruiz, director de innovación de la presidencia. Puestos en los que ambos, está por demás decirlo, hicieron nada significativo: solo cobraron sus sueldos, (bastante buenos, por cierto).

Ante las fechorías sexenales de Alejandra, quien destinó un promedio de 80 millones de dólares anuales a la promoción de la imagen presidencial, con los paupérrimos resultados ya antes señalados, que fueron a acabar, siempre, en manos de sus agencias con las que, se sospecha, la señora sostenía importantes contubernios, como son los casos de Agavis, Matomy y Cultura Colectiva.

Estamos hablando, en números cerrados, de 500 millones de dólares, 10 mil millones de pesos, que solo sirvieron para que EPN y el PRI perdieran el poder. Porque, como medios de comunicación al fin, si bien los beneficiados y/o perjudicados nunca publicaron nada al respecto, sí, en cambio, lo difundieron ampliamente en radio-pasillo. Para nosotros esa es la base principal de que el tricolor perdiera el poder: la escandalosa corrupción de la que Lagunes Soto Ruiz es el principal estandarte.

Pero aún hay más: sin conformarse con lo que su puesto y sus influencias le permitían clavarse y aprovechando sus pseudos estudios de comunicación, Alejandra intervino en cuantos presupuestos de comunicación social de las dependencias de gobierno pudo, siempre con un esquema como el siguiente: al enterarse que, en tal o cual oficina, destinaría el presupuesto de publicidad o comunicación masiva para el año en curso, la señora se presentaba, de buenas a primeras y sin avisar y amenazaba: -Qué bueno que están haciendo su trabajo, pero a esos medios, que ustedes recomiendan como idóneos, no se les va a contratar. Nos vamos, en cambio con… (y procedía a detallar los medios por ella seleccionados que, huelga decirlo, se sospecha eran quienes le pagaban una jugosa comisión).

-Y si alguien se atrevía a preguntar: -Por qué- Por órdenes de arriba- respondía Doña Lagunes. -¿Qué tan arriba…?- volvían a inquirirle- De hasta mero arriba- respondía ella sin ponerse a pensar que, con ello, estaba incriminando al mismísimo Enrique Peña Nieto. Todo lo cual, si nos permiten deducir, viene a explicar el porqué el último gobierno priista gastó en comunicación social: 47 mil millones de pesos en 6 años conforme a reportes de la Secretaría de la Función Pública.

Tan solo en 2017 el Gobierno gastó 200% más de lo presupuestado. Tenía que ser así porque así convenía a Alejandra Lagunes y a sus socios. Y como muestra está una de sus propiedades: una casa de descanso, en Vail, Colorado, EU, su casa chica, con valor de más de 30 millones de dólares, totalmente comprobables de acuerdo al Registro Público de la Propiedad de aquella población.

Porque, si se trata de buscar la verdad, de todo existen pruebas. Es más: como prueba de las desmesuradas influencias que Alejandra Lagunes tuvo con EPN está el hecho que, durante el sexenio 2012-2018, ella fue la única funcionaria que podía utilizar el Avión Presidencial con solo pedirlo y sin tener que justificarlo. Solo que, cuando este reportero solicitó la correspondiente bitácora de vuelo sexenal al Estado Mayor Presidencial, esta le fue negada por «razones de seguridad»; (qué bueno que los desaparecieron, me cae, justo con todo y el avión presidencial). 

Pero sin duda alguna lo que más indigna y enerva de todo lo anterior, es la ineficacia de la Sra. Lagunes: todo lo que hizo sirvió para nada porque al final su gallo perdió todo. La presidencia y su prestigio. Porque ella nunca supo qué estaba haciendo: fue una estudiante mediocre en la UI y así se ha seguido toda la vida. Me pregunto con qué cara ve a sus hijos y al resto de los suyos.

Pero… ¿y qué va a pasar?

Como prueba irrefutable de que la Sra. Alejandra Lagunes tiene mucha cola que le pisen es que, antes de saltar al poder, el Sr. Enrique Peña Nieto logró que el Partido Verde Ecologista, el PVEM, la nombrara senadora: en un partido donde se supone hay miles de militantes, solo existen dos senadores, Jesús Sesma, quien se supone hace toda la chamba, y Alejandra Lagunes que nunca en su vida ha asistido a un mitin y jamás ha hecho una labor partidista. Ella está ahí porque, en su momento, la recomendó Alejandro Quintero de Televisa. Y ahora es senadora para protegerla, con el fuero, de que vaya a la cárcel. Lo cual no quiere decir que pueda ser investigada. 

Yo me he animado a escribir y denunciar todo lo anterior porque soy mexicano y ya estoy harto de tanta impunidad. Y porque, si como dice nuestro flamante presidente, Andrés Manuel López Obrador, no se va a perseguir a los ladrones y a todos se les va a perdonar, entonces, de antemano, a mí me deben perdonar por claridoso. Porque lo único que estoy haciendo es hacer más grande un chisme que pueden comprobar con el personal de Los Pinos, (que tuvieron que soportar la prepotencia y las groserías de Alejandra) del Estado Mayor, del Gabinete de EPN y de los medios, que en su mayoría guardaron silencio por así convenirles. Ellos lo saben todo. Y más. Yo solo repito lo que todo México dice.                 

               

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Una opinión en: “En lugar de estarse dando baños de pureza, la senadora Alejandra Lagunes Soto Ruiz debería ponerse a hacer sus declaraciones patrimoniales…”

  1. Alfonso dice:

    Pues a más de año y medio que usted publicó esta nota, le confirmo que ya están investigando a Alejandra Lagunes.

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