Enrique Segarra nos platica parte de su trayectoria profesional, casi 50 años, y su personal visión de este negocio

El producto sigue siendo el héroe de la publicidad en México: y qué bueno.

Engallado porque, en una plática entre amigos, nos atrevimos a calificarlo como a “un dinosaurio de la fotografía mexicana”, Enrique Segarra nos platica parte de su trayectoria profesional, de ya casi 50 años, y su muy personal visión de este negocio.

A punto de cumplir cinco décadas de quehacer en la fotografía publicitaria mexicana, Enrique Segarra se conserva más vital que nunca: él empezó su carrera con su papá, el legendario Enrique Segarra, allá por la década de los setentas, como mensajero. “Cuando cumplí dieciséis años pude obtener mi permiso para manejar y entonces mi papá me agarró para todo: para ir al banco, para recoger y entregar trabajos, para ir a los laboratorios de revelado… ¡para todo lo que se le necesitara! Y así fui creciendo poco a poco. Traía la fotografía en la sangre y me gustaba lo que hacía. Y tuve la fortuna de tener al mejor maestro: aprender manejando el mejor equipo en cada época, con clientes de a deveras y con necesidades de a deveras”, nos comenta Enrique Segarra al inicio de una conversación durante toda la cual, cabe señalar, se encontraba también presenté su hijo del mismo nombre… con lo cual la creatividad fotográfica permanece, durante tres generaciones, en esa familia.

-“No es que el mismo estudio permanezca bajo una misma dirección: como todas las cosas en la vida, a cierta edad caí en cuenta de que, si bien hacíamos lo mismo, entre mi papá y yo existían las lógicas diferencias que se dan entre maestro y discípulo y yo opté por separarme para fundar mi propio estudio: fue algo que nos dolió mucho, pero que a la postre resultó en lo más conveniente porque después, ya cada quien por su lado, seguimos haciendo cosas magníficas, cada quien con su estilo y técnica. Después, al paso de los años y a la muerte de mi padre, cerramos su estudio y ahora éste, en donde estamos, es el que continúa la tradición de la familia”, continúa platicándonos nuestro interlocutor, visiblemente entusiasmado con la conversación.

-¿Cuál crees que sea la principal diferencia entre el antes y después, el ayer y el hoy, en la moderna fotografía?- preguntamos.

-“Desde luego la técnica: ahora se puede hacer prácticamente todo… aunque el talento siempre será lo más importante. Y ahora tenemos, por encima de todo, la velocidad: la rapidez con la que te piden las cosas, la velocidad de respuesta que debes de tener y la inmediatez con la que tienes que entregar todo lo que los clientes ordenan. Esa es la principal característica de este tiempo. Y me di cuenta de ello a principios de la década de los noventas del siglo pasado, cuando Bancomer nos ordenó un trabajo, que había que producir en locación y entregar el mismo día: lo resolvimos con mi primera cámara Kodak Digital y al tomarlo, terminarlo y entregarlo el mismo día me quedé súper asombrado”- nos responde ES, padre.

Y volvemos a la carga para plantear la siguiente pregunta:

-Enrique Bostelman (q.e.p.d.) decía que, si querías saber si un fotógrafo era bueno, deberías ponerlo a retratar cubiertos… ¿cuál es para ti, entonces, la categoría más difícil de fotografiar?

-“Bostelman fue discípulo de mi papá y ambos se querían mucho. Y coincido con él: retratar cubiertos, sobre todo cucharas, es algo que cuesta mucho trabajo fotografiar por la gran cantidad de reflejos que hay que saber manejar, matizar o acentuar con una correcta iluminación. Y Avon tiene una tetera extraordinariamente complicada. En general los objetos cóncavos, convexos y esféricos de metal son bastante complicados”- responde Enrique Segarra, padre.

-“¡Si no hemos fotografiado tu producto, NO EXITE!”, dice Enrique Segarra, hijo, terciando en la plática.

-Ya que hablas de Avon ¿desde cuándo trabajas para ellos…?- preguntamos.

-“La relación con ese cliente la inició mi papá hace muchos años, cuando yo era solo un niño. En ese entonces, todo el material fotográfico se fotografiaba en EU, pero hubo un día en el que, por la premura hubo necesidad de tomar aquí un producto. Y como mi papá lo hizo muy bien, poco a poco le empezaron a dar cada vez más y más trabajo hasta que, por tiempo, calidad y costo, se decidió tomar aquí todas las fotografías. Y ahí seguimos: ahora, hacemos 20 campañas de Avon al año, que equivalen a una cada 15 días. Avon es el cliente con más de 60 años de nuestro servicio. continúa Enrique Segarra.

-Ahora que lo dices… ¿quiénes son -o han sido- tus principales clientes?- continuamos.

-“A lo largo de nuestra historia hemos trabajado –y lo seguimos haciendo- para prácticamente todas las marcas de México. Ahora el 90% de nuestro trabajo es para productos y catálogo. Nuestro personal totaliza 15 personas entre fotógrafos, retocadores, ecónomas y gente de administración”- vuelve a respondernos Enrique Segarra, hijo.

– A ti, que te tocó vivirlo… ¿en qué momento consideras que surgió el retoque fotográfico, ahora tan necesario gracias al Photoshop?- preguntamos otra vez.

-“En los 90’s yo fui el primero, en mi categoría, que trajo a México un equipo de Kodak Premier. Estábamos en el mercado Panorama, que daba servicio de impresión con retoque; Custom Color, que era un laboratorio de revelado con ese mismo servicio y nosotros, que éramos el único estudio fotográfico con un servicio integral: tomábamos la foto y la entregábamos manipulada ya retocada en película.

El primer equipo de esos que compré costó casi millón de dólares y lo pagué en abonos. Cuando lo ordené no podía yo ni dormir: y luego no dormía usándolo para sacar el dinero para pagarlo. Pero salió: tanto que después tuve otros dos Kodak Premier, tres en total, que al final terminaron siendo obsoletos. Ahora trabajan aquí, con Photoshop y Mac, tres retocadores, dirigidos por mi hermano Manolo que además es un ilustrador extraordinario. Se trata de un servicio que iniciamos desde principios de los noventas y en el que no hemos parado”, nos contesta Enrique Segarra, padre.

-Volviendo a la pregunta que me trajo aquí… ¿te consideras o no un dinosaurio en activo?- cuestionamos a nuestro amigo, como para picarle la cresta.

-“Desde luego que no, porque no estoy anticuado soy un aprendiz arrugado. A lo largo de toda mi carrera siempre he ido con los adelantos de cada época y he sabido adaptarme a ellos. El que ahora mi hijo esté también aquí nos ha venido a revitalizar y a ofrecer nuevos servicios dar un giro de constante modernidad a todo lo que hacemos día con día… ¡incluso estamos más adelantados que algunos más chavos!”- nos responde Enrique Segarra, padre, con vehemencia. “Para nosotros el producto siempre ha sido el héroe en todo lo que hacemos… ¡y lo sigue siendo!- concluye Enrique papá.

-La última y nos vamos- acotamos: se dice mucho que, gracias al retoque, la preparación de alimentos para fotografía, que llegó a ser toda una consumada especialidad, está en vías de extinción. Tú, que tantas fotos de ese tipo tomas a cada rato… ¿qué nos puedes decir?

-“Para nada: yo trabajo aquí con dos “las güeras”, que a diario tienen trabajo y que preparan cosas magníficas. Se trata de algo que hay que saber hacer porque, ahora, los clientes son muy quisquillosos e insisten en que la receta con el producto debe prepararse al pie de la letra, con el mínimo de elementos ajenos. Nosotros tenemos aquí, como clientes entre otros, a Bisquets Obregón para quienes tomamos muchas fotografías. En todos los casos el cliente nos manda las recetas y aquí “las güeras” preparan el platillo en turno para que salga en la foto de lo más apetecible. Ese es uno de nuestros secretos profesionales”, dice Enrique Segarra padre como para ya despedirse.

Pero nosotros nos aferramos al momento y disparamos una última pregunta:

-¿Qué les aconsejarías a los jóvenes que ahora inician o planean dedicarse a la fotografía?-

-“Hasta la fecha, siempre que alguien me preguntaba algo así, yo les respondía que se buscaran otra cosa, que en esto de la fotografía no hay futuro ya hay mucha competencia y que prácticamente todo está hecho… pero luego, cuando lo pienso bien, caigo en cuenta, porque los años me han enseñado que siempre hay algo nuevo y, por lo mismo, nunca termino de ilustrarme, cada día hay más cosas nuevas para actualizarse y también aprender a olvidar lo que no hace falta…¡bienvenidos!

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