Estamos justo en el momento preciso para que los Museos de México empiecen a hacer mercadotecnia

Durante la fatídica última semana de marzo de 2020 la intelectualidad en pleno de este país, esos “científicos” a los que López Obrador mal citó para exhibirse como el ignorante que es, pegaron de gritos, desgarraron sus vestiduras y cayeron en la histeria ante el anuncio de la 4T que reducirá en un 75% los presupuestos asignados a los museos y cosas de la cultura de México… ¡indimoder!

Si ya estábamos Godínez ahora sí estamos de plano jodidos.

¿Qué va a pasar con esos recintos donde, con tantas estrecheces pero al mismo tiempo con tanto amor al arte se guardaba la orgullosa historia, arte y cultura de México?

Por un lado AMLO asegura preferir que “se recuerden nuestras fechas heroicas con precisión pero, por otro, no tiene ningún empacho en partirle la madre a todo aquello que nos dio patria y que, hasta ahora, ha estado tan bien resguardado en los museos de la nación. ¡Pero basta! No vale la pena ponerse a discutir con el burro de la clase porque ni siquiera entiende qué es la historia. Vamos nosotros, el pueblo sabio de este país, a rescatar lo que es nuestro.

Para ello propongo que, de entrada, se vea a los museos como a genuinos productos del show-bussines, de esos que despiertan el interés y la pasión de miles de fans, que año con año acuden a donde ellos se encuentran para admirar su espectáculo… ¡porque muchos de los Museos de México son auténticos espectáculos de primer mundo, oiga usted!

Solo el Museo Nacional de Antropología recibe más de 4 millones de visitantes al año. Y Chichén Itzá, en Yucatán, por ahí anda. (Desde ese punto de vista esos dos museos son negocios por sí mismos, pero ese es otro enfoque). Si partimos de la base que, hoy en día, hacer publicidad efectiva es llegar con nuestro mensaje al público adecuado, en el momento adecuado y con el aviso adecuado, 4 millones de clientes potenciales cautivos son un auditorio nada desdeñable. Yo diría que hasta apetecible. Entonces, se le puede pedir a una de nuestras marcas de consumo favoritos que dé su nombre al recinto en cuestión. P.ej. el Museo Nescafé de Antropología e Historia o  el Instituto Coca-Cola de Las Bellas Artes.

De entrada, un nombre así ya es mucha publicidad y buena imagen para la marca patrocinadora. Pero si, además, se destinan una o dos áreas pequeñas dentro del Museo a promocionar al co-patrocinador, se tendría una pieza de comunicación perfecta, con lo que todos saldrían ganando: el público, la marca y el Museo, sin tener que andarle pidiendo dinero a un gobierno que no entiende.

El ejemplo más claro de que esto es posible lo tenemos, ya, en el Museo Barroco de Puebla, patrocinado, entre otros, por Volkswagen, quien tiene montada a la entrada de ese museo estatal una pequeña área para otra de sus marcas, Audi.

Quien esto escribe pudo admirar ahí uno de los autos más lujosos en la historia: un Audi 1920, convertible, para seis plazas, con asientos de piel y detalles de lujo dignos de un maharajá. Y hay otras mil oportunidades, para levantar su imagen, que un buen publicista podría encontrar en un Museo cualquiera. Con lo cual se puede establecer un círculo virtuoso para acarrear más visitantes: y a mejor taquilla mejores recursos para las piezas exhibidas, su museografía y el recinto en general.

Falta ver si AMLO y sus lambiscones estarían de acuerdo que esos lugares, en los que ellos no quieren invertir ni un centavo, se llamen en el futuro El Museo Bacardí de la Ciudad de México. O El Museo Bimbo del Estanquillo.

De entrada, hay un caso que mueve a ira y compasión: toda la vida Elenita Poniatowska se la pasó deseando un lugar, a guisa de museo, en dónde atesorar y exhibir sus recuerdos. Y en los últimos dos años de la pasada administración ese sueño se le cumplió porque el gobierno le habilitó con tal propósito un inmueble de la Colonia Escandón. (Por cierto, junto a ese templo de la sabiduría popular que es El León de Oro, la cantina preferida de los publicistas de México). Total, que el lugar se terminó de restaurar y se inauguró, con bombo y platillo, poco antes de que EPN dejara el poder. Fue debut y despedida porque, desde que AMLO llegó, el museíto no ha vuelto a recibir ni un solo centavo del gobierno.

Dicen que la Sra. Poniatowska le paga al vigilante de su bolsillo, (del de ella). Y qué pena porque el recinto era interesante y prometía una serie de actividades de sano interés.

En una de las últimas entrevistas que Doña Elena dio a los medios mexicanos dijo:

-Si mi mamá viviera estaría dando de brincos de felicidad ante el triunfo de Manuel López Obrador como presidente. Ya puedes descansar tranquila en el más allá, mamita, tu favorito ya ganó-.

A lo que, a la luz de los paupérrimos resultados de Lopitos, yo diría que la pobre señora ha de estar revolcándose en su tumba.               

Puede gustarte también. . .

0 Opiniones en “Estamos justo en el momento preciso para que los Museos de México empiecen a hacer mercadotecnia”

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *