Éxodo de grandes anunciantes regiomontanos hacia la CDMX con el pretexto de que aquí la publicidad es más barata

De allá semos. Del mero Apodaca, Nuevo León. De la “indepe” con los conciertos de Celso Piña donde fácil, nos bebemos un cartón de Carta Blanca en una noche de fiesta mientras bailamos con la mejor vieja de la raza. Por eso mismo, desde que tenemos uso de razón, como que nos dimos cuenta de que Monterrey era un mercado muy cerrado, en donde sólo había unos cuantos de cada cosa. Vamos, el que hubiera agencia de publicidad costó un huevo y la mitad de otro.

Y muchos, muchos años de educar a los medios y a los anunciantes sobre el tema de que, siempre, siempre, la opinión de un tercero era muy importante a la hora de hacer una campaña que, a la larga, iba a representar mejores ventas e imagen para una cierta marca regia.

Después de años y trabajosos días, todos los involucrados en el ajo se convencieron acerca de dichas bondades y las cosas fueron de maravilla durante un buen tiempo. Sólo que, insisto, a mis primos de Monterrey no se les quita lo rancherotes y siguen creyendo que aún pueden cobrar como endenantes, cuando se dejaban pedir diez mil pesos por un original tamaño carta… que ahora resulta que en la CDMX el mismo es gratis.

-¡No me chingues: cómo es que te estoy pagando las perlas de la virgen por algo que los chilangos me regalan…! Han dicho las grandes marcas regias de unos meses para acá. Y añaden: -pues vámonos para México, criatura- enseñando el cobre que tanta fama de codiches les ha dado.

Así, dicen que Andrés Delgado, el mero mero de Cinco, sus clientes de Alen tiro por viaje lo amenazan con quitarle la cuenta con la que llevan décadas. Pero dinero es dinero.

Y por el estilo están las demás. Piensan, los marros anunciantes de Monterrey, que se van a ahorrar una buena lana y que todo va a seguir igual. Cosa que yo dudo, oiga usted: porque ya vimos lo que le pasó a la cervecería Cuauhtémoc-Moctezuma por andar creyendo que en mercadotecnia es más importante ahorrar que vender: nomás perdieron la mitad de sus ventas y se llevaron al baile a Superior, XX, Bohemia y muchas otras marcas que fueron líderes. -¡Eran, criatura, eran…!- decía mi tía Lupeustolia, la de allá de Las Mitras.

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