Falleció Armando Villaseñor, decano y pionero de la fuente publicitaria mexicana

Para entender mejor la vida e importancia de Armando Villaseñor Cabral (1944-2019) hay que ubicar, primero, a Juanillo González, un periodista cubano, simpatiquísimo, que llegó exiliado a México con motivo de la Revolución Cubana.

Juanillo perteneció a aquella pléyade de intelectuales de clase media que tomó a nuestro país como trampolín para luego mudarse a Miami. Y algunos se quedaron, como fue el caso del Sr. González, quien se dedicó al negocio del periodismo de negocios y RP, para lo cual tuvo varios asistentes, siempre uno a la vez, uno de los cuales fue Armando Villaseñor quien hacía investigación, redacción, mensajería, coordinación y muchas otras cosas para el cubanito que, al morir, (porque ya era un señor grande), le heredó a nuestro amigo.

Empezando por su columna-casi diaria en El Sol de México. Y digo casi diaria porque aparecía cada vez que había algo que decir: de ello se encargaba Armando con gran diligencia ya que, entonces se acostumbraba, siempre que algo así mencionaba en el diario, había un moche, pequeño, para el reportero.

Armando fue el primero, de la fuente publicitaria, que se atrevió a criticar a campañas, agencias y creativos, lo que le valió no pocas enemistades. Porque A.A. (antes de Armando), los medios no publicaban más que puras alabanzas para los publicistas que los contrataban y todo parecía Disneylandia.

A base de picar piedra en sentido contrario el Sr. Villaseñor acabó con ello. Pero también con su columna periodística ya que lo corrieron de El Sol y después de muchos otros diarios: se puede decir que prácticamente de todos. Ello obligó a nuestro personaje inolvidable a echar mano de sus ahorros para iniciar la publicación de El Siglo de la Comunicación en tabloide que al poco tiempo derivó en un pasquín, a tamaño media carta, B/N, al que todos bautizaron como El Siglito.

Como fiel alumno de Juanillo González, Armando nunca perdió la costumbre de cobrar por sus notas, aunque fuera poco. Ello, repito, le valió tanto la amistad como la enemistad de prácticamente todo el gremio.

Recuerdo, en especial, un día en que Armando publicó en su Multipress (porque fue de los primeros en aprovechar las ventajas del internet) una nota que decía “mientras Silvio García Patto vive un romance en la Polinesia con Olivia Collins, su agencia se derrumba: ya perdió Bimbo”, (cosa totalmente cierta), con lo que Silvio montó en cólera y a grito pelado amenazó con madrear a nuestro colega.

Y así, por el estilo, podríamos narrar otras mil anécdotas de Armando Villaseñor: podríamos decir que cada quien tiene una o varias.

Obligado a ganarse el sustento en un medio lleno de tacañería, (“todo mundo quiere que le publiquen, pero nadie quiere pagar nada”, solía decirme), Armando siempre vivió al día. Por eso, yo pienso, vivió de forma tan intensa día con día.

Descanse en paz.

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