Hierven las redes sociales con infinidad de quejas contra el desorden en que Ángel Bosch ha convertido a los Premios Aspid

Siempre que recibimos una noticia polémica en un fin de semana largo, nuestro sitio se satura con comentarios de todo tipo: así sucedió el pasado 14, 15, 16 y 17 de septiembre pasado, cuando nos fuimos de puente vacacional dejando a nuestros lectores la información sobre el mayúsculo fracaso de la edición No. 15 de los Premios Aspid.

Hubiéramos querido decir a lo mejor de la publicidad farmacéutica en México, pero cada día se hace más obvio de que ya eso es así porque ha habido “premios” a  materiales de muy discutible calidad cuyo único mérito es haberle metido una lana a las inscripciones.

El Sr. Ángel Bosch, catalán de origen, es quien maneja a los Aspid desde el 2004, pero no ha aprendido nada porque, año con año, todo le sale mal y es totalmente desorganizado. El ejemplo del maestro de ceremonias es solo una de las causas de tanto fracaso. Cualquiera que sepa algo de concursos sabe que el maestro conductor es vital para el éxito de la ceremonia de la entrega de premios correspondiente y procura contratar a uno bueno: los hay desde 10 mil pesos y pueden llegar hasta los 150 mil.

Pero además, obvio, es menester apoyarlos con un guión minuto a minuto. Dos cosas que Angelillo ni sabe ni está dispuesto a pagar. Así, desde hace 15 años el Sr. Bosch echa mano, a la hora de la hora, de alguno de los amigos concursantes a quienes da un guion hecho a mano e improvisado, al cuarto para las doce. Y a los que, por demás está decirlo, no les paga nada.

Ese criterio, donde todos los ingresos son para el vencedor, es lo que ha llevado a los Aspid México al completo descuido y peor fama. Pero Ángel no tiene solo la culpa: después de todo se trata de un comerciante voraz al que cabría disculpar su ignorancia.

Quienes no tienen madre ni vergüenza son los laboratorios y sus agencias quienes siguen soportando hasta la ignominia por el simple afán de sentir “que ganaron un premio” otorgado por un muy discutible criterio en donde el billete se exhibe a cada paso.

A estas alturas de esta nota llega a mí la convocatoria para el Concurso de La Pantalla de Cristal que cada año organiza la revista Telemundo que dirige nuestro amigo Antonio Fernández.

Se trata de un certamen con una súper organización, donde todo está cuidado al detalle por lo que su prestigio es de primera. Ahí, cada inscripción vale $990.00 pesos por pieza. Leyeron ustedes bien: son novecientos noventa pesos por pieza inscrita. ¿Saben ustedes cuánto cobra Ángel Bosch por pieza inscrita al Aspid?

Dos mil euros: 40 mil pesos por participar en el caos absoluto. Cualquier comparación solo nos lleva a concluir que alguien se está robando mucho dinero, (por fortuna cada día menos). Para eso, en México tenemos un refrán que dice “no tiene la culpa el indio, sino quien lo hace compadre”.

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