La Asociación de Agencias de Medios: la gran víctima del coronavirus, (y de la desidia)

Para empezar, cabe señalar que los señores nunca se distinguieron por ser jaladores: así como para que uno dijera “qué bárbaros, qué unidos están y cómo se apoyan unos a otros” pues no. Solo mientras Lilia Barroso y Fany García les hicieron el favor de dirigirlos como que la Asociación de Agencias de Medios dio algo de qué hablar: su reporte anual de inversión, que todavía hacían impreso, nos fue siempre muy útil. Pero se acabó cuando ellas dejaron sus respectivas presidencias.

Y aquella especie de expo-feria subasta de medios, de cuyo nombre ya ni me acuerdo y que era copia de una similar, que se hacía en EU, fue un rotundo fracaso por la simple y sencilla razón que ninguna de la agencias-socias de la AAM cooperó. Y que conste que no les iba a costar nada.

Dejaron al pobre de Jaime Ramos colgado de la brocha y la idea solo duró un año. Así las cosas, no faltaron los socios tacaños, que empezaron a cuestionar el por qué tenían que pagar cuotas y poco a poco se fueron saliendo hasta que recién nos enteramos de que esa asociación ya no existe. Y es una lástima porque, lo que más nos urge ahora es unidad entre quienes nos dedicamos a esto. Las agencias que estuvieron en la AAM, la mayoría, llegaron a ella con la mentalidad de “a ver qué me dan o qué les saco” en lugar de preguntarse qué podían apostar.

Lo  malo es que el caso no es único en el actual mundo de la publicidad mexicana: en los momentos en que más nos urge estar únicos cada quien jala por su lado sin importarle lo demás.

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