Para quienes vivimos en la zona conurbada de la CDMX ya no es noticia que, tiro por viaje, el transporte público, (autobuses y paseros) sea asaltado por rufianes. La novedad es que ahora esos mismos ladrones, (que cada que los aprenden duran en la cárcel menos de 3 días), se suban a los vehículos, pistola en mano, con esta cantaleta: “ya saben a lo que vinimos y si no quieren que los asaltemos, coopérense cada quien con 10 pesos pero nada de hacerse güeyes porque les va peor”.

Eso sucede, un día sí y otro también sin que la policía haga nada porque, casi seguro, está coludida con los rateros. Y de ahí para arriba en el escalafón de autoridades, hasta llegar a Eruviel, quien en vez de gastarse el presupuesto en pagar mejores sueldos y capacitar a los policías, lo hizo en promover su imagen: invirtió una fortuna en auto-promocionarse y de nada le sirvió porque es la propia ciudadanía la que ahora está a punto de ponerlo de patitas en la calle.

Pero votar por Delfina tampoco resuelve nada porque, como buena política de izquierda a la antigua, en su propuesta de gobierno, al menos en sus diez puntos, la santa señora  no incluye para nada a la seguridad. Se la pasa diciendo que va a repartir los pesos que tiene de presupuesto entre 2 mil indigentes, sin entender que el pueblo no quiere limosnas sino trabajo.

¿Qué no sería mejor crear empleos en lugar de dar dádivas que sólo calman un rato la necesidad sin erradicarla? Morena insiste en repartir pobreza en lugar de generar riqueza mientras los mexicanos ya estamos hartos de limosnas: ¡queremos trabajo!