En la relación producto y mercadotecnia nos queda claro que hay tres tipos de empresas en  la práctica: las que tienen un mal producto, pero hacen muy buena mercadotecnia, (como McDonald’s, por ejemplo); las que tienen una mezcla más o menos balanceada de ambos componentes y las que hacen mala mercadotecnia, pero tienen un buen producto.

De este último caso podemos poner como ejemplo a Condé Nast, cuyas revistas son magníficas y en ello se basa para que todos, lectores y anunciantes, le compren. Porque, por regla general, a C D la gente le compra sin que ellos hagan más que los mínimos esfuerzos de venta.

Por eso, cuando hace unos meses nos vinieron a decir que la nueva titular del Consejo de Promoción Turística de México (CPTM), era Lourdes Berho, quien fue directora comercial de Condé Nast hace ya algunos años, nos dijimos a nosotros mismos: “a ver cuánto les dura el gusto”.

Y resultó que no me equivoqué porque, desde el pasado viernes 21 de abril se supo que Lourdes ya ba-ba-lú en el Consejo. Cabe la duda, en base a sus antecedentes de mala vendedora, que la hayan corrido. Aunque también podría uno pensar que, al llegar al CPTM haya renunciado al encontrar tamaño cochinero: el gobierno sigue insistiendo en que va contra la corrupción, pero no ha movido un dedo para meter a la cárcel a todos los que, en su momento, manejaron la cuenta y compraron medios a nombre del Consejo.

Aunque, sintiéndonos muy influyentes, en nuestro corazoncito queda la inquietud de que a lo mejor –y sólo a lo mejor- a alguien no le gustó que esta  columna se haya atrevido a comentar que la cuenta de esa institución, en lo que toca a publicidad, ya estaba dada y amarrada para los próximos dos años.

Recordemos que ya estamos en el bienio de Hidalgo y un movimiento así solo puede hacerse con absoluta so-pena de provocar un alud de comentarios tan negativos como los que hemos recibido en esta casa editorial desde que publicamos que, ahora, ese concurso lo ganó Havas México: ya pasaron 15 días de eso y todos los días se reciben aquí decenas de llamadas, mails y demás dando, cada uno, una versión diferente.

Lo cual si nos permiten, refuerzan en nosotros la teoría de que a alguien de mero arriba no le gustó nuestro comentario.