Que responda el niño Miguel Torruco. Díganos… ¿qué necesidad tiene usted de que todos lo pendejién, criatura?

Para ubicar mejor a nuestros lectores en el deplorable contexto nacional que el Cuarto Tiesto (la 4T) ha sumido a México, empezaremos por señalar que durante la primera Semana Santa de su gobierno, en compañía de su vocero Jesús Ramírez Cuevas, AMLO nos la sentenció diciendo “de ahora en adelante se acabaron las agencias de publicidad y las empresas productoras”. Así lo dijo, así está grabado y con gusto le enviamos el correspondiente video a quien nos lo solicite.

A casi tres años después de tan lamentable advertencia, las nefastas consecuencias saltan a la vista: si partimos de la base que la mejor medicina es la preventiva y que prevenir es comunicar, el no saber comunicar le ha costado al país más de 50 mil vidas: salimos tarde, vamos tarde y así nos vamos a seguir.

En un capítulo aparte, el del turismo que representó hasta hace poco la principal fuente de divisas para México, (porque del petróleo ya ni quién se acuerde), recién que tomó posesión, (es un decir), el Presidente, (es otro decir), López Obrador tuvo el desacierto de nombrar a Miguel Torruco como titular de SECTUR. Al punto, cabe señalar que a este santo señor yo lo conocí como muchos otros: de lejecitos y de vista. Yo tenía que ver, por razones de trabajo, con sus subalternos, quienes siempre se refirieron a él como un pendejo. (Solicitamos disculpas a las damas que nos leen por usar ese leguaje tan lépero y florido, pero las circunstancias nos obligan a ello).

Después de que lo corrieron por inepto de no pocas de sus chambas, a Miguel Torruco lo vino a salvar que una de sus hijas se casó con un hijo de Carlos Slim, con lo que al Sr. Torruco se le empezó a acercar mucha gente para pedirle favores. Y se la creyó. Tan se la creyó que, a pesar del nulo y pésimo trabajo que hizo como secretario de turismo durante el gobierno de López Obrador, Torruquín tuvo la osadía de aceptar, ahora, la titularidad del SECTUR, donde, ya lo estamos viendo, no ha hecho más que burradas, auténticas pendejadas.

El último petardo, ahí, le tronó el fin de semana pasado, el primero de agosto, la página digital Visit México, el único elemento de promoción turística que le queda a este país después de que AMLO dispuso del presupuesto que había para otros fines poco claros, se llenó de pifas mal traducidas, como Warrior State, (por definir el Estado de Guerrero); New Lion, para Nuevo León, Hidden Port, para Puerto Escondido y muchas más que han provocado que todo el mundo se burle de México, (los nombre propios y/o de lugares nunca se traducen).

Ha sido tanto el escándalo mundial, (culpa total del pendejo de Torruco, insistimos), que SECTUR cerró el sitio de volada y le echó la culpa a Braintivity, agencia de MKT digital propiedad de Marcos Achar de tan malo servicio. Y a su vez éste dijo que la culpa la tenía Tecnocen, de Sergio Loredo.

Primer error: si los cálculos no nos fallan Marcos Achar es pariente de la familia Torruco-Slim. Eso sucede por querer ayudar a la familia. Y segundo: por escrito y mediante carta, Tecnocen y Sergio Loredo aclararon que ellos solo daban a SECTUR el servicio de hosting, que el contenido lo hace íntegro la gente de Braintivity y Marcos Achar. Y que inclusive se tienen los nombres de quienes son los encargados de publicar y diseñar su contenido… ¡que los publiquen para balconearlos por mal hechos y poco profesionales! No tiene la culpa el indio sino el que lo pone a manejar un sitio.

Para empezar, si tiene vergüenza el primero que tiene que renunciar es Marcos Achar, de quien ya vimos que de marketing digital no entiende ni chicles. Y que el Sr. Torruco responda qué necesidad tiene, si su vida ya está resuelta, de andar haciendo las cosas tan mal. Mejor renuncie, Don Miguel: no insista en aprender lo que no se le da.

Otros pendejos del gabinete, como Hugo López Gattel, Eréndira Sandoval, Rocío Nahle aguantan que el público los califique como a los negros de las cachetadas porque no saben hacer otra cosa más que lambisconear a López Obrador y porque tienen que comer. Usted no Don Miguel: tenga tantita vergüenza. Y lo mismo va para Alfonso Romo.        

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