Desde hace más de 35 años, 37 para ser exactos, me dedico al periodismo profesional en la fuente de negocio. Con ese carácter, a lo largo de todo ese tiempo he conocido infinidad de personas de todo tipo: ellas son quienes me han hecho amar lo que hago.

Son gente como Jack Misrachi, a quien conocí hace muchos años y con quien cultivé una entrañable amistad hasta que, hará cosa de unos tres años, el cáncer segó su vida. Su especialidad, en la que llegó a ser el mejor de México, era la producción de grandes espectáculos: de esos en los que intervienen decenas de actores y bailarines, hay música, hay efectos, hay rayo lasser, fuegos artificiales y de todo. Todo perfectamente sincronizado y sin que pueda haber el menor margen de error.

Con ese profesionalismo, Mundo Audiovisual, la empresa de Jack y compañía, trabajó para todos los gobiernos, sobre todo priístas, desde Luis Echeverría Álvarez hasta Enrique Peña Nieto. De ahí que, cuando a principios del 2013 alguien de Mundo Audiovisual me llamó para pedirme que fuera a visitar al Sr. Misrachi, no me sorprendí: me imaginé que mi amigo iba a platicarme acerca de uno de sus últimos y espectaculares proyectos.

Lo que me sorprendió fue encontrarlo muy desmejorado y prácticamente con un pie en la tumba. Y me dijo: “tengo un cáncer terminal y los doctores me han dicho que pronto voy a morir por lo que he pasado varias semanas revisando mi conciencia para ponerme en paz con la vida antes de irme.

Y te platico que, hará un par de años, (por ahí del 2010 y 2011), gané la licitación para instalar el espectáculo de luz y sonido en Teotihuacán.  Se trata de una labor en extremo delicada, que sólo unas cuantas compañías en el mundo saben hacer, ya que no se puede dañar nada en absoluto, al centro arqueológico al que, obvio, es considerada patrimonio de la humanidad.

Y Mundo Audiovisual ganó el concurso porque especificamos detalle por detalle a fin de ni siquiera tocar las pirámides, calzadas y demás. Sólo que, cuando aún ni siquiera empezábamos a trabajar se nos informó que nuestro proyecto se cancelaba para otorgarse, por asignación directa, a otra empresa en la que tenía interés Alfredo del Mazo, primo del entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto.

Empresa que nunca pudo acreditar la más mínima experiencia al respecto, que cobró por adelantado y que, cuando fue sacada del proyecto por el INAH, ya había taladrado, excavado, claveteado y hecho otros muchos desperfectos en tan invaluable tesoro arqueológico. Y le cancelaron el proyecto, por ineptos, pero nunca regresó el dinero. Me pregunto cuánto le tocaría a Alfredo del Mazo.

Todo esto que te digo puede comprobarse en los archivos del INAH y del propio Gobierno, no estoy inventando nada. Y para que lo publiques cuando juzgues que sea el momento preciso: tú para eso eres muy bueno”, concluyó Jack Misrachi; quien falleció menos de un mes de tan increíble plática.

Es el discurso de un moribundo que ahora creemos necesario publicar para descubrir el doble discurso de EPN, quien por un lado asegura estar dispuesto a ir contra la corrupción pero, por el otro, se hace de la vista gorda ante las transas de sus allegados, como del Mazo y de la Sra. Alejandra Lagunes, a quien medio mundo señala ya como a la funcionaria más corrupta de la Presidencia.