Todo parece indicar que a Mark Liwerant ya le quedó grande, muy grande, el Festival de Cine Judío

Para aquella mayoría de nuestros lectores que nunca se enteraron, permítanos contarles de la 14° edición del Festival Internacional de Cine Judío en México… con mejores materiales aún que el año pasado.

Al parecer, sus organizadores están empeñados, bajo la dirección de Isidoro Hamui Hanono, su director, (quien al parecer es también el responsable de la correspondiente curaduría) en que, cada año y desde hace 14, el FICJM se supere y ofrezca cada vez mejores producciones a su público consumidor, del que me enorgullece formar parte. Lo que ha traído como consecuencia que año con año crezcan con los auditorios y el número de salas donde se exhiben las películas en turno, que este año fueron 7, de gran calidad y creatividad.

Si me preguntan a mí, que las vi todas, me gustó más “Fiebre al Amanecer”, del director húngaro Péter Gárdos, filmada en blanco y negro más del 80%, con una narrativa y un manejo de cámara excepcionales.

Por el contrario, el filme “Una historia de amor y oscuridad”, co-producción de Israel y EU, filmada totalmente en la antigua Jerusalén, fue la gran decepción de este Festival. Decepción porque la actriz Natalie Portman, (por cierto ya bastante avejentada), se empeñó en dirigir la cinta y su falta de oficio en la materia se nota en un ritmo lento incluso aburrido: zapatero a tus zapatos, actriz a la actuación.

El haber seguido tan de cerca esta edición del FICJM, (cosa que hice por admiración, convicción y pagando yo mismo todas mis entradas), me ha permitido constatar, como ya lo dije, que el festival jala cada día más y más público, si bien en su mayoría son judíos. Es tan bueno que se merece toda la difusión del mundo y ahí es donde creo que sus organizadores ya están fallando.

Lo digo porque, por ejemplo, en este 2017 no hubo rueda de prensa de presentación y sólo el diario Reforma publicó dos páginas al respecto. En todo lo demás, prensa, radio, TV y redes sociales el 14° FICJM casi brilló por su ausencia: la actitud de sus organizadores, que preside nuestro viejo conocido Mark Liwerant fue como la del tendero, dueño de una bonetería en la calle de Correo Mayor, al que la gente le llega a comprar por default. Y, si no, ni modo.

En el programa mencionan que tienen a un tal Víctor Pavón, como encargado de comunicación, que quién sabe qué está haciendo porque, insistimos, el festival, por lo bueno que es ya, tiene un enorme potencial como herramienta de relaciones públicas para todos sus involucrados, empezando por la propia comunidad judía mexicana.

Eso es algo que Liwerant y Pavón, con su estrecho criterio, no han ni siquiera imaginado por lo que, si tuvieran tantita vergüenza, deberían admitir que ya el proyecto los rebasó. Porque no es posible que ni siquiera hayan podido dar, en este 2017, algunos pases a la prensa que les hubiera costado, todos, no más de 2 mil pesos: dije 2 mil pesos, sí.

¿Qué ni eso tienen? Lo que no tienen es capacidad y mentalidad ejecutiva: entonces que renuncien.          

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