Y lo que nos faltaba: amenaza a la publicidad mexicana un diluvio de agencias pedorras, pero con nombres cachetones

A principios de enero pasado llegó a mi oficina un singular paquete promoviendo la última campaña de Jumex, de la que más adelante me ocuparé porque ahora quiero hablarles de la agencia que se atribuyó dicha paternidad: los dos amigos, los dos hermanos, los dos socios… ya no me acuerdo bien. En un descuido hasta era El Perro de las Dos tortas. Lo que sí que eran dos: eran, dos, dos enanos un inglés…

Campaña con una idea poderosa, pero producida con 1.50. La típica idea grande con presupuesto pequeño. Con lo cual no pasa de ser del montón. El clásico cliente abusivo encajándole el diente a la agencia que empieza y que, con tal de agarrar la chamba para no morirse de hambre es capaz de llegar hasta la ignominia.

Situación que, de un año para acá, parece repetirse con aterradora frecuencia: uno o dos directores creativos de alguna agencia grande, a los que corren por falta de presupuesto y que se les hace fácil abrir su propia agencia, chance y hasta en el baño de su casa y trabajan, con equipos freelancers en tugurios de tipo co-working.

Y que, para dárselas de muy creativos, se ponen nombres como El Abrevadero de los Dinosaurios o El Círculo de la Mujer Barbuda… ¡como si el nombre fuera garantía de calidad creativa! Lo malo es que muchas de esas dizque agencias, aparte de que quiebran los precios, dan un servicio que deja mucho que desear, maleducan a los clientes y al final terminan quebrando obligando al anunciante a contratar, entonces sí, a una agencia de a deveras, a la que se le pide que haga milagros a un precio irrisorio “porque eso me cobraban en El Círculo de la Mujer Barbuda”. ¡Chin!

De ahí que desde esta humilde tribuna hagamos un llamado a todos los anunciantes para que se desapendejen, y no se apantallen con nombres tan cachetones. La creatividad se demuestra en el trabajo, mis queridos amigos: y cuesta un buen de billete, además.

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Una opinión en: “Y lo que nos faltaba: amenaza a la publicidad mexicana un diluvio de agencias pedorras, pero con nombres cachetones”

  1. Gerardo dice:

    Tan pedorro como esas agencias que por ser grandes quieren pagar 2 pedorros pesos a sus copys y diseñadores. “Nomás porque aquí vas a aprender”. En efecto, el talento cuesta y se debería pagar, las agencias también deberían aprenderlo.

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