Y sucedió lo que tenía que suceder: La Jornada está quebrada

Hace unos días se hizo público el exhorto que la directora de La Jornada, la Sra. Carmen Lira, hizo al sindicato de ese diario para que se reajusten a la baja sueldos y otras prestaciones a fin de que el periódico pueda salir de la grave crisis económica que atraviesa debido, sobre todo, a una verdad incuestionable: ya no lo lee nadie.

Su línea editorial sigue siendo la misma que cuando la Guerra Fría: defiende a rabiar a la Cortina de Hierro, el Muro de Berlín, a Hugo Chávez, a Fidel Castro y muchas otras lindezas que hace años y felices días el mundo dejó atrás.

Tengo un compadre muy querido, periodista holandés, quien ya adquirió la saludable costumbre de venir a México cada dos o tres años y, siempre, al bajarse del avión, lo primero que hace es leer La Jornada y me dice: “haz de cuenta que sólo pasó un día entre mi visita. Para ellos, (los de La Jornada), nada ha cambiado y siempre están contando la misma historia. Y eso cansa a cualquier público lector”.

Esa es la razón de la quiebra de La Jornada: su guión lleva ya más de 40 años repitiendo siempre lo mismo. Continúan con la aburrida práctica de la izquierda a ultranza, de repetir una mentira millones y millones de veces con la esperanza de que los lectores se la crean.

Sólo que eso ya no es posible ahora: en el siglo XXI los contenidos, que cambian incluso por segundos, ya no pueden seguir estáticos. Y, a la falta de lectores sucede la falta de anunciantes: ya nadie se anuncia en La Jornada porque sus páginas no venden nada.

O sea que, pronto, el único diario de izquierda de México, (miope, pero al fin de izquierda) habrá desaparecido. Lo cual es una lástima porque, eso sí, su Sección Cultural es magnífica.

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